El siete, un número muy popular

Hace unos días, hablando sobre la lotería primitiva con Eva Caballero (programa La mecánica del caracol, Radio Euskadi), le comentaba que había leído en el libro Matemáticas y juegos de azar, que la combinación más jugada en la lotería primitiva (en Gran Bretaña) era la combinación {7, 14, 21, 28, 35, 42}, es decir, los múltiplos de 7. Esto se debe a que es habitual que asociemos el número 7 con la suerte. Lo consideramos un número afortunado.

Número siete (1968), del artista Art Decó ERTÉ

Número siete (1968), del artista Art Decó ERTÉ

El número siete es un número muy popular, se le considera especial, relacionado con la perfección, con la naturaleza e incluso con las deidades, motivo por el cual aparece frecuentemente en la mitología y en la religión. El motivo de esta popularidad del número siete es un misterio, pero quizás esté relacionado con el hecho de que desde la antigüedad, se le asoció con las fases de la luna y con los siete cuerpos celestes de nuestro sistema solar que eran conocidos, y que se ven a simple vista, el Sol, la Luna, la Tierra, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Para algunas culturas, como la griega, o las culturas influenciadas por esta, el número siete era un número asociado con la perfección y lo divino. Por ejemplo, el médico griego Hipócrates (460-370 a.c.), que escribió una obra sobre el número 7, decía que:

El número siete por sus virtudes ocultas, tiende a realizar todas las cosas; es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la Luna cambia de fase cada siete días: este número influye en todos los seres sublimes.

O el filósofo cristiano platónico Calcidio (siglo IV) decía también que:

este número ha sido considerado como el mejor, porque se ha observado que es la regla de muchos fenómenos producidos por las leyes naturales […]

Bocetos de la luna realizados por Galileo Galilei (1564-1642) en su obra Sidereus Nuncius (1610)

Bocetos de la luna realizados por Galileo Galilei (1564-1642) en su obra Sidereus Nuncius (1610)

Siete son los días de la semana. Desde la antigüedad se ha medido el tiempo mirando al cielo, observando el movimiento de los cuerpos celestes. Un día es el tiempo que tarda el girar la Tierra sobre sí misma (en la antigüedad, el tiempo que pasaba entre dos salidas del sol por la mañana), el mes se deriva del periodo de tiempo que dura cada ciclo lunar y el año del tiempo que la Tierra tarda en dar una vuelta alrededor del Sol.

El ciclo de la Luna alrededor de la Tierra es de aproximadamente 28 días, y además la Luna tiene cuatro fases (llena, menguante, nueva y creciente), motivo por el cual los antiguos babilonios, y otros pueblos, ya empezaron a medir el tiempo en ciclos de 7 días, que era lo que duraba cada fase lunar, dando origen así al concepto de semana.

Además, como 7 eran los cuerpos celestes conocidos en la antigüedad, en muchos de los idiomas los días de la semana estaban inspirados precisamente en estos. Así, los nombres de los días de la semana en castellano son: “lunes”, derivado de la expresión latina dies lunae (día de la Luna); “martes”, derivado de la expresión en latín dies martis (día de Marte); “miércoles”, de dies mercurii (día de Mercurio); “jueves”, de diez iovis (día de Júpiter); “viernes”, de dies veneris (día de Venus); “sábado” sin embargo se deriva de la palabra hebrea shabat, que significa descanso, puesto que en la antigüedad se consideraba que el domingo era el primer día de la semana y el sábado el último, y por lo tanto, el día de descanso, aunque el nombre en latín era dies saturnis (día de Saturno); mientras que el “domingo” se deriva de la expresión latina dies dominicus, día del señor, aunque en Roma se llamaba dies solis (día del sol).

Aunque en otros idiomas se numeraban los días de la semana, primer día, segundo día, etc, como por ejemplo en hebreo (salvo el sñabado, Shabat), o también en portugués, para el cual de lunes (que era el segundo día de la semana) a viernes (el sexto), sus nombres son Segunda-feira,Terça-feira,Quarta-feira,Quinta-feira, ySexta-feira, y luego como en castellano, sábado y domingo.

Un ejemplo curioso son los nombres de los días de la semana en Euskera. Los tres primeros días de la semana, lunes, martes y miércoles, se nombran astelehena (primer día de la semana), asteartea (día de la mitad de la semana) y asteazkena (último día de la semana), ya que según parece para los antiguos vascos la semana constaba de tres días. Después se amplió a la semana de siete días, osteguna, ostirala, larunbata e igandea, cuyo origen es algo más complejo.

Por último, recordemos que en el cristianismo, el judaísmo y el islam el universo fue creado por Dios en siete días, una semana, empleando el último día para descansar.

Copia de la Biblia de Gutenberg (1455) de la Biblioteca Pública de Nueva York

Copia de la Biblia de Gutenberg (1455) de la Biblioteca Pública de Nueva York

En la Biblia hay bastantes referencias al número 7, como un número de perfección, asociado a Dios. Por ejemplo, en Josué 6 le dice Dios a Josué…

Y todos ustedes, los hombres de guerra, tienen que marchar alrededor de la ciudad, dando la vueltaa la ciudad una vez. […]Y siete sacerdotes deben llevar siete cuernos de carnero, delante del Arca, y al séptimo día ustedes deben marchar alrededor de la ciudad siete veces, y los sacerdotes deben tocar los cuernos. Y tiene que suceder que al hacer ellos sonar el cuerno de carnero […]todo el pueblo debe soltar un gran grito de guerra;y el muro de la ciudad tiene que desplomarse,…

Y hay muchas más citas en la Biblia con el número 7. Este número aparece con mucha frecuencia. Por citar otra, en Mateo 18 podemos leer…

Entonces se acercó Pedro y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces ha de pecar contra mí mi hermano y he de perdonarle yo?¿Hasta siete veces?”. Jesús le dijo: “No te digo: Hasta siete veces, sino: Hasta setenta y siete veces.

Y se menciona mucho el número siete en el Apocalipsis, más de medio centenar de veces. Por ejemplo, se habla de los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, que son toda una serie de cataclismos que terminan con el juicio final. Los cuatro primeros sellos son los cuatro jinetes de la Apocalipsis. Y hay más citas… siete ángeles, siete plagas, siete truenos, un cordero con siete cuernos y siete ojos, un dragón con siete cabezas y diez cuernos, siete mil hombres, etc…

De los siete sellos mencionados en el Apocalipsis viene la expresión “libro con siete sellos”, cuando se quiere expresar que es un libro difícil de entender.

Cartel de la película Seven (1995), de David Fincher, interpretada por Brad Pitt y Morgan Freeman

Cartel de la película Seven (1995), de David Fincher, interpretada por Brad Pitt y Morgan Freeman

Como algunos aprendieron a través de la película Seven (1995) interpretada por Brad Pitt y Morgan Freeman, siete son los pecados capitales: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y orgullo. Aunque esto es así desde el papa Gregorio Magno (siglo VI), ya que otros religiosos anteriores hablaban de ocho pecados capitales.

El siete también está muy presente en el Talmud, que como nuestros oyentes saben es el texto que recoge las leyes, costumbres, tradiciones, y la historia del pueblo judío. Siete son los mandamientos básicos (conocidos como las siete leyes de los hijos de Noé): 1. Prohibida la idolatría; 2. Prohibida la blasfemia; 3. Prohibido el asesinato; 4. Prohibidas las relaciones sexuales ilícitas; 5. Prohibido el robo; 6. Prohibido comer animales vivos; 7. Establecer sistemas de justicia para asegurar la obediencia a los mandamientos.

Según el Talmud, existen siete cielos. A saber: 1. Vilón (que sería algo así como la atmósfera, el cielo de las nubes y los vientos, donde habitan Adán y Eva); 2. Rakia (donde está el sol, la luna, los demás planetas y las estrellas); 3. Shejakim (donde está el maná, alimento espiritual para los justos); 4. Zevul; 5. Maón; 6. Majón; 7. Aravot (donde está Dios).

Esta idea de los siete cielos, que aparece en varias religiones (judaísmo, Islam o hinduismo), proviene de la antigua cosmología babilonia… en algunos textos puede leerse que “los cielos son siete, las tierras son siete”. También son siete los infiernos en el Islam.

Símbolos de los siete chakras y su situación en el cuerpo humano

Símbolos de los siete chakras y su situación en el cuerpo humano

Según el hinduismo, existen siete chakras principales, es decir, centros de una supuesta energía en el cuerpo humano (aunque según algunas doctrinas serían solo seis). También en el hinduismo, existen siete sabios, o saptarishi, de la antigüedad, que se encuentran alojados en las siete estrellas de la osa mayor.

Y la mención a estos sabios nos recuerda la existencia de otros, los siete sabios de Grecia, que fueron siete eruditos de la Grecia antigua (legisladores, filósofos, políticos y gobernantes/tiranos), que vivieron entre los siglos VII y VI a.c., y cuyos conocimientos o enseñanzas prácticas se recogieron en aforismos. El matemático y filósofo Thales de Mileto (aprox. 625-547 a.c.) es uno de esos siete sabios de Grecia. Se le atribuye la máxima “conócete a ti mismo” (aunque esta se ha atribuido a varios sabios griegos, entre ellos, Heráclito, Sócrates y Pitágoras), o también “en la confianza está el peligro”. Otro de los sabios fue el poeta Cleóbolos, que gobernó Lindos hacia en 600 a.c. y a quien se le atribuyen los aforismos “la moderación es lo mejor” o “Aceptar la injusticia no es una virtud, sino todo lo contrario”.

Y siguiendo con los sabios, nos puede sonar también la expresión “Los siete sabios de Roma”, que es un texto de cuentos orientales, considerado el incunable más antiguo (pudo haber sido imprimido en Zaragoza entre los años 1488 y 1491) en lengua castellana, y que consta de 32 grabados y 44 folios.

Siete son los dioses de la fortuna en la mitología japonesa. Son deidades de la buena suerte… Hotei (dios de la abundancia y la buena suerte), Jurojin (de la longevidad), Fukurojuku (de la felicidad), Bishamonten (de los guerreros), Benzaiten (del conocimiento, el arte y la belleza), Daikokuten (de la riqueza y el comercio), Ebisu (de los pescadores y los mercaderes).

En la mitología irlandesa, el héroe Cúchulainn, está asociado con el número 7. Con 7 años recibe sus primeras armas, con 17 años defendió el Ulster él solo contra el ejército de la reina Maeb de Connacht, además está escrito que tenía “siete dedos en las manos y los pies, y siete pupilas en cada ojo”.

 CúChulainn montando su carro en la batalla, ilustración de J. C. Leyendecker, del libro Myths & Legends of the Celtic Race (1911), de T. W. Rolleston

CúChulainn montando su carro en la batalla, ilustración de J. C. Leyendecker, del libro Myths & Legends of the Celtic Race (1911), de T. W. Rolleston

Pero dejemos la mitología y las religiones, y veamos otros ejemplos significativos relacionados con la presencia del número 7 en nuestra cultura.

La expresión “los siete mares” es una expresión que se ha utilizado en muchas culturas a lo largo de la historia para designar una serie de siete mares de la zona de Afroeurasia (Africa, Europa y Asia), aunque en cada tiempo se ha referido a mares distintos. Se menciona por primera vez esta expresión hacia el 2.300 a.c. en un himno a la diosa Inanna escrito por la poetisa sumeria Enheduanna. Y, por ejemplo, en un manuscrito del siglo IX se menciona “quien quiera ir a China deberá cruzar los siete mares”. Quizás los más conocidos, son los referidos en la literatura medieval, el golfo Pérsico, el mar Negro, el mar Caspio, el mar Rojo, el mar Mediterráneo, el mar Adriático, y el mar de Arabia; mientras que en la actualidad se ha adaptado la expresión al mundo entero, a los “siete” océanos (entendiendo que el Pacífico y el Atlántico se dividen en norte y sur).

Las siete maravillas del mundo (antiguo) eran siete esculturas y obras arquitectónicas que los antiguos griegos consideraban dignas de ser visitadas. Existieron varios listados, pero el que más consenso tenía era: la Gran Pirámide de Giza (2.500 a.c.), los Jardines Colgantes de Babilonia (600 a.c.), el templo de Artesima (550 a.c.), la Estatua de Zeus en Olimpia (430 a.c.), el Mausoleo de Halicarnasso (350 a.c.), el Colosso de Rhodas (290 a.c.) y el Faro de Alejandría (250 a.c.). He leído (en la wikipedia) que la expresión de “maravillas” se debe a un error de traducción, ya que los primeros griegos utilizaban la palabra “theamata“, que significaría “cosas que hay que ver”, y no “thaumata“, que sería el término para “maravilla”. Que fueran siete, como en otros casos (los siete sabios de Grecia, las siete colinas de Roma, etc), se debe a que, como ya hemos comentado, los griegos creían que el número siete era un número perfecto.

Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, pintadas por el artista Maerten van Heemskrerck

Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, pintadas por el artista Maerten van Heemskrerck

La expresión “las siete cumbres” se refiere al grupo de las siete montañas más altas de cada uno de los siete continentes (entendidos estos como America del Note y del Sur, África, Europa, Asia, Australia y Antártida). Monte Everest (8.848 m) en Asia, Aconcagua (6.961 m) en América del Sur, Denali (6.194) en America del Norte, Kilimanjaro (5.895) en África, Monte Elbrus (5.642) en Europa, Monte Vinson (4.892) en la Antártida, y otro en Australia.

En muchas culturas se creía que el séptimo hijo de un séptimo hijo tenía poderes especiales. En la cultura irlandesa se consideraba que tenía el poder de sanar, y también, como en otras culturas (la inglesa o la norteamericana), que podían ver el futuro. En América, y especialmente en América Latina, se le asocia a la posibilidad de ser hombre lobo, con poderes sobrenaturales. Por cierto, que la expresión “el séptimo hijo de un séptimo hijo” es conocida por ser el título del séptimo álbum de la banda de heavy metal Iron Maiden, y de una canción del mismo.

Portada del álbum de Iron Maiden Seventh son of a seventh son (1988)

Portada del álbum de Iron Maiden Seventh son of a seventh son (1988)

Las siete edades del hombre es un monólogo que aparece en la obra de William Shakespeare “As you like it” (Como gustéis), y que empieza…

El mundo es un gran teatro,

y los hombres y mujeres son actores.

Todos hacen sus entradas y sus mutis

y diversos papeles en su vida.

Los actos, siete edades. Primero, la criatura,

hipando y vomitando en brazos de su ama.

Después, el chiquillo quejumbroso que, a desgano,

con cartera y radiante cara matinal,

cual caracol se arrastra hacia la escuela. […]

Y luego explica que las siete edades son… infancia, niñez, el amante, el soldado, la justicia, la vejez y segunda infancia.

Pero podríamos seguir… siete vidas tiene un gato, siete brazos el candelabro sagrado judío, siete son los enanos que acompañaban a Blancanieves, las botas de siete leguas son un elemento común en el folklore europeo que aparecen en varios cuentos (como pulgarcito), los siete magníficos y los siete samuráis, siete las islas principales de la Atlántida, siete son los años de mala suerte si se rompe un espejo, siete son las artes liberales, trívium (gramática, dialéctica y retórica) y quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música), etcétera…

Ilustración Gustave Doré (1832-1883) de Pulgarcito robando las botas al Ogro

Ilustración Gustave Doré (1832-1883) de Pulgarcito robando las botas al Ogro

Por último, citemos que el número 7 también es un número de la suerte en un sentido matemático. Los números de la suerte son aquellos números naturales que se quedan después de hacer un cribado determinado dentro de todos los números naturales.

Se empieza considerando todos los números naturales a partir del 1 en orden creciente…

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21…

El primer número de la suerte es el 1. Como el primer número después del 1 es el 2, se eliminan todos los números de 2 en 2, luego todos los pares, quedando sólo los impares.

1 3 5 7 9 11 13 15 17 19 21 23 25 27 29 31…

A continuación, como el siguiente número que aparece es el 3, se eliminan los números que quedan (los impares) de tres en tres, es decir,

1 3 X 7 9 X 13 15 X 19 21 X 25 27 X…

Como el siguiente número que aparece, tras el 3, es el 7, se eliminan entre los números que quedan, aquellos que aparecen cada 7 números,…

1 3 7 9 13 15 X 21 25 27 31 33 37 X…

El siguiente número es el 9, luego se elimina cada 9 números entre los números restantes, y así se continúa “hasta el infinito”… los números que quedan son “números de la suerte”…

1 3 7 9 13 15 21 25 31 33 37…

Bibliografía

1.- John Haigh, Matemáticas y juegos de azar, Tusquets, 2003.

2.- Tim Glynne-Jones, The book of numbers, Arcturus, 2007.

3.- Lamberto García de Cid, Numeromanía, Números, mística y superstición, Debate, 2009.

Sobre el autor: Raúl Ibáñez es profesor del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaborador de la Cátedra de Cultura Científica

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CristóbalCristóbal

Todo lo que se le achaca al número 7 (7 cielos, 7 mares, 7 vidas, 7 maravillas, 7 chakras, 7 sabios,…) ya tiene atribuido un carácter místico, divino, sacro…, complicado en definitiva (lo inalcanzable, complicado, o inexplicable suele pertenecer a dios). Quizás, todo origine en el número de días en que la luna cambia de fase: lo maravilloso que es que cada 7 días veamos cambiar la fase de la luna.
A mí, sin embargo, me gustaría atribuirle una nueva característica al 7, algo que lo haga especial en sí, mejor dicho, algo que lo convierta en complicado y, por tanto, en místico. La idea es muy simple y se basa en considerar aquellos números que son “buenos” para repartir.
Todos podemos apreciar las bondades del número 12 (la docena): 12 huevos pueden repartirse entre 2, 3, 4, y hasta 6 personas, ¡sin necesidad de romper ninguno de ellos!
¿Qué hacemos cuando también queremos dividir entre 5, pues en las épocas antiguas podían surgir fácilmente familias con 5 miembros para repartir? Es entonces que surge el 60 como producto de 12 por 5. ¡Qué bueno es el 60! ¡Cuántos divisores tiene! No es de extrañar que en Mesopotamia se utilizase el sistema sexagesimal. Aquellos sacerdotes que debían guardar el grano para luego repartirlo a la población pudiente tenían que conocer muy bien distintos métodos de reparto, entre los que, claro, el 60 ocuparía un lugar predominante. De aquel sistema nos debe venir la explicación de porqué una hora son 60 minutos, y un minuto son 60 segundos,…
Todo esto nos lleva a la siguiente pregunta natural. Seguro que ya os la imagináis: ¿qué hacemos si además queremos ser capaces de dividir entre 7? Y la respuesta también os la imagináis: pues nada, consideramos el resultado de multiplicar 60 por 7, o sea, consideramos el número… 420. ¿Alguien ha escuchado hablar del 420 como unidad de medida? Yo no, pero tampoco es que haya buscado mucho, así que si alguien sabe algo de este número que lo diga.
En definitiva, cuando queremos un número que sea divisible entre 2, 3, 4, 5, 6, y 7, este número es complicado, no es manejable. Solución: le damos carácter místico al número 7 y nos olvidamos del asunto. Lo convertimos en el número de la suerte.

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