Violencia de género

La biología estupenda Preparados para matar Artículo 7 de 7

Aquí no ha pasado nada. Una mujer ha sido asesinada.”

En “Relatos trágicos de Alicante”, de Tirso Marín, en 1955, ante la aglomeración de curiosos, un policía de uniforme gris los dispersa y se justifica con lo dicho.

La violencia es, en la mayoría de los casos, un mecanismo de respuesta ante un conflicto determinado. Y para el patriarcado no hay conflicto mayor que la pretensión de autonomía de las mujeres.”

Nuria Varela, en “Cansadas”, 2017.

Sobre la violencia de género, de sexo o doméstica, quedan muchas incógnitas por responder. Desde un enfoque social, es un asunto de justicia pero, también, de salud pública, con importantes influencias de y desde la estructura de la sociedad y de la cultura. La Organización Mundial de la Salud define la violencia de género como

todo comportamiento dentro de una relación íntima que causa un perjuicio o sufrimientos físicos, psicológicos o sexuales a personas que son parte de esa relación, en incluye actos de agresión física, coacción sexual, violencia psicológica y conductas autoritarias o tiránicas.”

La primera incógnita es que, aunque sabemos que los asesinatos por violencia de género cambian en la historia, en las culturas y en los pueblos, en nuestro entorno más cercano, en nuestro país, a pesar de los esfuerzos de muchas personas y de la adecuación de las leyes, el número de muertas se mantiene entre 50 y 75 por año desde más hace más de tres décadas. O, también, otra incógnita es por qué son los hombres los que atacan a su pareja y rara vez lo hacen las mujeres. En 2015, el 94.4% de las muertes por violencia de género fueron cometidas por hombres. En una revisión publicada en 2013 y para 66 países, la tasa de asesinatos de mujeres en la pareja fue seis veces mayor que la de los hombres, con el 38% para las mujeres y el 6% para los hombres.

En Estados Unidos, 20 personas por minuto sufren una agresión violenta de su pareja. El 27% de las mujeres, una de cada cuatro, y el 12% de los hombres, uno de cada diez, han sufrido violencia física o sexual por sus parejas por lo menos una vez en la vida.

Herbert Bennett y el Dr. Crippen: El olvidado y el famoso

Hacia el 1900 dos asuntos criminales llegaron a los tribunales de Londres, tal como nos cuenta René Reouven en su Diccionario de los asesinos. En 1901, fue Herbert Bennett, que había estrangulado a su mujer con un cordón de zapato en la playa de Yarmouth, para quedar libre para su amante. Y en 1910 llegó a los tribunales el Doctor Hawley Crippen, que mató a su mujer, la despedazó y la enterró en el sótano. Dos asuntos parecidos y, como sabemos, demasiado habituales en la violencia de hombres contra mujeres. Sin embargo, hemos olvidado a Bennett y, en cambio, Crippen sigue en los recuerdos y leyendas populares, incluso con libros, películas y documentales en televisión.

Hawley y Cora Crippen

El famoso, Hawley Harvey Crippen, era un médico estadounidense que vivía en Londres desde 1900 y se dedicaba a la homeopatía. Se casó con la hermosa Cora Turner, antigua y famosa actriz y cantante de music-hall. Pero tenía una amante, Ethel Le Neve, con la que planeó rehacer su vida en Estados Unidos. Así que mató a Cora y, como decía, la despedazó y enterró en el sótano. Y se embarcó con Ethel hacia Norteamérica. Por cierto, Ethel, para despistar al personal, se disfrazó de grumete.

Pero, cuando estaban ya en alta mar, se encontró el cadáver de Cora y la policía avisó al capitán del barco con telegramas de manera que alertó a las autoridades de Canadá, entonces una colonia del Imperio inglés. Detuvieron a los culpables, los devolvieron a Inglaterra, fueron a juicio y Crippen fue condenado y colgado en noviembre de 1910.

Crippen había nacido en Coldwater, Michigan, en 1862 y se graduó en Medicina Homeopática en Cleveland en 1884. Su primera mujer, Charlotte, murió de un derrame cerebral en 1892. Crippen se trasladó a California con su hijo, después a Nueva York donde se casó con su segunda mujer, Corrine “Cora” Turner, conocida como “Belle Elmore”, aunque nacida como Kunigunde Mackamotski. Marcharon a Inglaterra en 1897.

Era amante de Ethel La Neve desde 1908. Cora desapareció en 1910 y, rápidamente, Ethel se traslado a casa de Crippen y comenzó a utilizar la ropa y las joyas de Cora. Crippen aseguró que Cora había vuelto a Estados Unidos, había muerto y la habían incinerado en California. Fue interrogado por la policía y le creyeron, pero se asustó y se embarcó en el SS Montrose hacia Canadá.

La policía sospechó y volvió a registrar su casa y encontraron un cadáver enterrado en el sótano. Como ya conté, fueron detenidos en Canadá y devueltos a Inglaterra. Fueron juzgados por separado en octubre de 1910, y Crippen condenado a muerte y su amante como cómplice. La Neve marchó a Estados Unidos la misma mañana de la ejecución de Crippen. Siempre proclamó su inocencia.

Un siglo después, en 2011, el equipo forense de David Foran, de la Universidad de Michigan, localizó en los archivos del Real Hospital de Londres, un portaobjetos con un corte de piel que, en el juicio, se dijo que era del cadáver del sótano y, por tanto, de Cora Crippen. Los forenses aislaron el fragmento de tejido y obtuvieron una lectura del ADN mitocondrial Sus conclusiones son sorprendentes: el tejido y, por tanto, el cadáver del sótano, no solo no es de Cora Crippen sino que pertenece a un hombre. Ejecutado, famoso y controvertido hasta después de su muerte.

Mary Jane Bennett con su hijo Ruby y Herbert Bennett

Herbert John Bennett, en cambio, tuvo el mismo destino pero ninguna fama, como tantos otros. Había nacido en 1880 y fue colgado el 21 de marzo de 1901, como ven con 21 años. Una vida rápida y corta. No era médico sino, más bien, un ladronzuelo de pocos vuelos, que se había casado con Mary Jane en 1897. Pero en 1900 se enamoró de una camarera llamada Alice Meadows. Bennett había dejado a su mujer y su hijo y propuso matrimonio a Alice.

El 14 de septiembre invitó a su mujer, Mary Jane, y a su hijo pasar el día en la playa de Yarmouth como oferta de paz para sus problemas matrimoniales. A la mañana siguiente se encontró su cadáver, estrangulada, en la playa.

Bennett había vuelto a Londres pero, cuando la policía identificó el cadáver, le buscó para interrogarle y encontró en su poder una cadena de oro de su mujer que, además, llevaba aquel día cuando fue a la playa.

Como contaba antes, fue juzgado en febrero de 1901 y colgado al mes siguiente. Ejecutado y olvidado.

Fuente: Violencia doméstica y violencia de género – Año 2017 INE – España

El riesgo para las mujeres baja con la edad creciente y aumenta con la diferencia de años entre hombre y mujer en la pareja. Y es mayor para las mujeres en parejas no establecidas respecto a las mujeres casadas. También aumenta el riesgo con la separación, sobre todo en los primeros tres meses, o en los intentos de recuperar la pareja, con la infidelidad, sea cierta o figurada, y, en general, con cualquier conflicto de la pareja.

Fuente: Violencia doméstica y violencia de género – Año 2017 INE – España

Además influyen factores individuales y sociales como, por ejemplo, el historial de violencia del agresor o su nivel extremo de control y posesión de la pareja. O, también, el desempleo, la pobreza o el abuso de alcohol y drogas. Incluso hay casos documentados en que la pareja, hombre y mujer, acepta la violencia como una conducta habitual y, por tanto, aceptable.

Marquesa de Brinvilliers: Una asesina bien preparada

En el siglo XVII y en Francia, en el siglo de Luis XIV, Marie Madeleine d’Aubrey, después Marquesa de Brinvilliers-La-Motte, causó sensación por su vida y por su muerte. Nació el 22 de julio de 1630 y era la mayor de cinco hermanos. Su padre, Antoine Dreux d’Aubrey, era Señor de Offémont y de Vilhers, Consejero de Estado, Preboste y Vizconde de París, Teniente Civil de París y personaje importante en la corte del Rey Sol.

Marie Madeleine Marguerite d’Aubray, marquesa de Brinvilliers

La niña era delicada, no muy alta, ojos azules, cabello castaño, piel blanca y fina, facciones agradables y tremendos ataques de ira que la convertían en una fiera rencorosa. Desde niña, a pesar de su estricta educación, dice la leyenda que se entregó a una vida disoluta. Se cuenta que a los siete años perdió la virginidad con alguno de sus hermanos, aunque otros afirman que la violó un criado de la casa.

Casó en 1651 con Antoine Gobelin, marqués de Brinvilliers, Maestre de Campo del Rey y ludópata empedernido, uniendo entre ambos una gran fortuna. En esa época, nuestra protagonista era una hermosa joven con aspecto inocente y cautivador. Tuvo siete hijos, aunque parece ser que su marido no era el padre de cuatro de ellos. Pronto fue la amante de Pierre Louis Reich de Pennantier, Tesorero de Languedoc y hombre de negocios que llegaría a ser Recaudador General del Clero.

Pero fue su propio marido quien le presentó al capitán de caballería y aficionado a la alquimia Godin de Sainte-Croix, hijo bastardo de una buena familia de Gascuña. Se llamaba Jean-Baptiste Godin y le apodaban Sainte-Croix. Con Godin, la vida de la joven marquesa cambia por completo. Gasta dinero sin tenerlo para satisfacer sus caros caprichos y los de su amante y vive continuamente al borde de la ruina. Tanto es así que Godin de Sainte-Croix acaba por huir de Francia perseguido por sus acreedores.

Es el padre, Dreux d’Aubrey, quien, ya que el marido consiente, intenta controlar a su hija y consigue, en 1663, encarcelar en La Bastilla al amante Godin de Sainte-Croix. Fue un error y una casualidad, pues su compañero de celda era un italiano, de nombre Exili o Ejili, experto en venenos y antiguo consejero (¿en venenos?) de la Reina Cristina de Suecia.

Al salir de La Bastilla, Godin se reencuentra con su amante y le enseña lo que ha aprendido sobre venenos y ella hace sus prácticas con enfermos que visita, se supone que por caridad, en los hospitales o con los pobres que van a su casa a pedir algo de comer. Ya ven, todo por caridad. Además, comenzaron a frecuentar a Christophe Glaser, en el Jardín Real de Plantas, farmacéutico suizo y proveedor del Rey, y, también conocido experto en venenos.

En poco tiempo se convierte en una experta y asesina a su padre en 1666 y a sus hermanos en 1670 con un intervalo entre de ellos de seis meses. Nada debe oponerse a recibir su herencia; necesita dinero para la vida de lujo y excesos que lleva con su amante Godin.

La marquesa envenenó a su padre, poco a poco, durante ocho meses, para que no se notara y pareciera una enfermedad. Para el mes de junio de 1666, su padre ya sufría males extraños y llamó a su hija al castillo de Offémont para que le cuidara. Pero aquello no tenía remedio y cuando la marquesa llegó, su padre empeoró. Con fuertes vómitos murió en septiembre en París, a donde había sido trasladado, atendido por los mejores médicos. Antes de su ejecución, la asesina confesará que le había envenenado entre 20 y 30 veces, ella misma o el criado de Sainte-Croix al que la marquesa había metido a servir en casa de su padre. Por cierto, mientras envenenaba a su marido, la marquesa se lió con el preceptor de sus hijos, llamado Briancourt, pues moría de celos porque Sainte-Croix andaba con otras mujeres y su marido tenía como amante a la joven señorita Dufay.

En 1670, también murieron sus dos hermanos, el primero en junio y el segundo en septiembre. En la autopsia no se encontraron pruebas de envenenamiento, pero la sospecha quedó y tuvo su influencia en futuros acontecimientos. La hermana que quedaba, prudentemente, decidió no volver a ver en su vida a su hermana y seguro que esa decisión le salvó la vida.

También intentó envenenar a su esposo pero el amante Sainte-Croix, viéndose en peligro, administró el antídoto al marqués. Por lo visto, el amante le tenía más miedo a la marquesa como viuda, sobre todo, porque quizá quisiera volver a casarse y, precisamente, con él. Hasta ahora solo suponía, diversión, dinero y poco compromiso, pero quién sabe lo que podría pasar en caso de boda. Así, la mujer envenenaba al marido y el amante lo salvaba de una muerte cruel. Además, fue un juego que duró años, con el marido siempre doliente y nunca muerto y el amante dándole el antídoto.

Sainte-Croix se asusta de la locura de su compañera y reúne pruebas, sobre todo cartas, de lo que está haciendo y las guarda en un cofre con instrucciones de que sea abierto en caso de muerte. Y, desgraciadamente para la marquesa, su amante muere por accidente en 1672, en una explosión en su laboratorio. El cofre se abre y la Brinvilliers huye a Londres, después a los Países Bajos y, finalmente, se establece en Lieja.

Mientras tanto, el criado de Sainte-Croix, que había sido cómplice de la marquesa en el envenenamiento de su padre, es detenido y confiesa. Más pruebas contra la asesina. Por fin, es detenida en Bélgica, engañada por el capitán Degrez, de la policía francesa, que se hace pasar por abad, y trasladada a Francia. El policía declaró que la había encontrado mendigando en un parque.

Intenta suicidarse y fracasa. Después de un largo juicio, entre el 29 de abril y el 16 de julio de 1676, es condenada, torturada y decapitada el 17 de julio. Su cuerpo fue quemado y las cenizas dispersadas por el viento.

“Júpiter y Tetis”. Óleo sobre lienzo (1811) de Jean Auguste Dominique Ingres. Zeus, representado en posición de majestad, la nereida Tetis en posición sumisa y suplicante. En la distancia, la esposa celosa de Zeus, Hera, observa la escena.

En el contexto evolutivo se afirma que los homicidios de la violencia de género vienen de mecanismos específicamente diseñados por la selección natural para provocar la muerte de la pareja en determinadas circunstancias. Los beneficios de matar a la pareja pueden ser superiores a los costos de perderla y, en su caso, tener que buscar otra de igual calidad. Por ello, la selección natural premiará esta conducta con una mayor eficacia en la reproducción. Se da en contextos de infidelidad o abandono, sobre todo cuando la mujer es deseada como reproductivamente valiosa, no hay hijos en la pareja y no hay cerca parientes próximos de la mujer que la puedan ayudar.

Las ventajas evolutivas del asesinato de la pareja son, en primer lugar, que se priva a los rivales de un recurso valioso para la reproducción, que se destierra del entorno a las mujeres con más de una pareja, y que se consigue, con la violencia, una reputación que amedrenta a los rivales.

Es la evolución de la psicología del macho la que dirige la violencia de género. Es un proyecto diseñado y seleccionado por la evolución para que, en nuestra especie, el macho tenga éxito en la supervivencia y, sobre todo, en la reproducción. Es la base de nuestra cultura y, en último término, del patriarcado o, dicho de otra manera, del modelo de amor romántico que prevalece en las relaciones sociales, con sus componentes de control y posesión de un sexo sobre otro.

Uno de los productos seleccionados por la evolución es el sentido de la propiedad sobre la mujer. Actúa, según la situación, para evitar el abandono y la infidelidad, con conductas de control que incluyen el riesgo de violencia y el asesinato.

Los humanos son de las pocas especies animales cuyos machos deben hacer una fuerte inversión de recursos en sus crías. Nacen pequeñas e indefensas, en realidad prematuras, porque después crece tanto el cráneo para contener al cerebro que sería imposible el parto por el tamaño de la pelvis de la mujer. Sin embargo, los machos no saben con certeza que las crías que cuidan son suyas. Por ello, la posibilidad de invertir recursos en las crías de otros machos, en definitiva en los genes de otros, es un problema adaptativo muy serio en nuestra especie, y todo gen que provoque conductas que eviten invertir en los genes de otros, conseguirá llegar a las siguientes generaciones y será seleccionado en la población.

Para prevenir esta inversión equivocada de recursos, la evolución ha seleccionado el mecanismo adecuado en los hombres para detectar la infidelidad en la pareja. Es más, los falsos positivos, es decir, detectar infidelidad cuando no existe, mecanismo típico de los celos, tienen un menor coste evolutivo que detectar falsos negativos y no descubrir la infidelidad cuando es real. Para el hombre, la evolución ha seleccionado mecanismos que sobreestiman la posible infidelidad de la pareja. Es la violencia, incluso herir y matar por si acaso.

Como es habitual en nuestra especie, una de las soluciones es la violencia. Así, los celos, o esa sobre percepción de la infidelidad, a menudo llevan a la violencia. Es obvio que la violencia inhibe la infidelidad de la pareja. Si la infidelidad ha sido cercana en el tiempo puede llevar a la agresión sexual que, está demostrado, aumenta cuando hay celos fuertes.

Son conductas que, ahora, calificamos de horribles y aberrantes pero en absoluto arbitrarias ni únicamente una manifestación del deseo del hombre por la dominación y control de la pareja sino, en último término, el resultado de una presión selectiva sobre nuestra especie para minimizar el riesgo de invertir recursos en en los genes de otros.

Henriette Caillaux: La asesina machista

Quizá fue idea de ella, seguro que lo fue de su abogado defensor pero, es innegable, su defensa ante el asesinato cometido y confeso fue extraordinaria para las reglas de conducta de nuestro tiempo. Y funcionó. Vean ustedes y aprendan de aquella época en que el machismo era algo serio, aceptado y de gran importancia social. Esta es la historia de Henriette Caillaux, la asesina machista, en la Francia de hace un siglo, justo antes de la Primera Guerra Mundial.

Henriette Caillaux

Nació el 6 de diciembre de 1874 en Rueil-Malmaison, en París, y murió el 29 de enero de 1943 en Mamers. A los 17 años conoció al político Joseph Caillaux, entonces con 31 años y casado, e iniciaron una relación íntima. Diez años después, en 1902, Caillaux se divorció y se casaron.

Caillaux llegó a ser Ministro de Finanzas y en 1913, en plena campaña electoral, el periodista Gaston Calmette, director de Le Figaro, le acusó de ayudar a un estafador ante los jueces, de recibir dinero para financiar sus campañas electorales y de conspirar en el Parlamento contra un proyecto sobre el impuesto sobre la renta que en público apoyaba. Además, Calmette sobornó a una criada de los Caillaux y obtuvo alguna de las cartas que Henriette había escrito a Joseph cuando aún estaba casado con su primera mujer, y las publicó en Le Figaro.

Ante los ataques a su marido, y además basados en cartas que había escrito ella, Henriette fue a la sede central de Le Figaro el 16 de marzo de 1914, pidió hablar con Gaston Calmette, entró su despacho, le reprochó a gritos su campaña contra Caillaux, disparó los seis tiros de su Browning y alcanzó al periodista con dos, en el pecho y en el hombro. Henriette huyó y Calmette murió unas horas más tarde.

Poco después, Henriette fue arrestada y llevada a juicio con la acusación de asesinato, con pena de muerte, y su propia confesión y muchos testigos como prueba del crimen. Defensa difícil, pero su abogado, Fernand Labori, desarrolló una estrategia hábil y, quizá, inesperada para muchos. Alegó que la acusada había cometido un crimen pasional empujada por un “impulso femenino irracional” y descontrolado. Incluso los hechos demostraban que no había sido capaz de planificarlo eficazmente para librarse del castigo y, además, que no era consciente de la gravedad de sus actos.

Labori aseguró ante el tribunal que una mujer es, siempre, “emocionalmente más débil que un hombre” y está “más inclinada a realizar actos irracionales”. En fin, que debía ser absuelta porque para una mujer “sus emociones no podían ser controladas por su débil razón”. Presentó declaración como testigo la primera mujer de Joseph, Berthe, y sus ataques a la pareja contribuyeron a convertir el juicio en un circo de gritos e insultos e, indirectamente, en dar la razón a Labori sobre la mentalidad de las mujeres.

El tribunal aceptó “la debilidad racional de la mujer” y absolvió a Henriette Caillaux el 28 de julio de 1914. Hay quien asegura que detrás de este veredicto hay también una conspiración política de jueces complacientes y jurados afines, pero, aún siendo así, los estereotipos de género de la época ayudaron a justificar la absolución por un asesinato. Un mes después estalló la Primera Guerra Mundial.

Décadas después, Henriette alcanzó la fama como historiadora del arte. A principios de los treinta se graduó en el Louvre y presentó una tesis sobre el escultor Jules Dalou que se publicó y se convirtió en obra de referencia. Murió en Mamers, en casa de su esposo, el 29 de enero de 1943. Al año siguiente, en 1944, murió su marido Joseph. Su militancia contra la guerra entre 1914 y 1918 le llevó a un juicio por alta traición y a una condena de tres años. Rehabilitado en los años veinte, volvió a la política y formó parte de varios gobiernos.

Sin embargo, como decía al comienzo, quedan muchas incógnitas por resolver. No sabemos por qué la violencia de género es, relativamente, frecuente mientras que el asesinato de la pareja es raro. Más del 12% de las mujeres en España han sido objeto de violencia de género sexual o física en 2015. Son casi tres millones de mujeres. Y las mujeres asesinadas fueron 57 ese mismo año 2015. Entre 2005 y 2012 se tramitaron casi un millón de denuncias por violencia de género, o sea, una de cada 25 mujeres sufrió violencia. Nos preguntamos por qué tanta violencia.

O, visto lo comentado más arriba, por qué las situaciones de conflicto, separación o abandono en la pareja no acaban más a menudo en asesinato. Fueron algo más de 100000 los divorcios en España en 2014.

Además, según un estudio publicado en 2017, entre los jóvenes de 16 a 24 años, el sexismo y la violencia de género están muy presentes. El 38% de las mujeres de esa edad, residentes en España y que tienen o han tenido pareja, han sufrido violencia psicológica. Incluso en las jóvenes de 16 y 17 años el porcentaje llega al 42.6%. Parece que estos jóvenes rechazan mayoritariamente la violencia física pero aceptan, incluso normalizan y no dan importancia a conductas menos extremas.

Mucho nos falta por aprender sobre cómo integrar en la violencia de género el contexto social y cultural, así como la personalidad fisiológica y psicológica de hombres y mujeres en la pareja actual, quizá muy diferente todo ello de la pareja de nuestros antecesores, aquellos que evolucionaron durante miles de años para llegar a lo que ahora somos y que, me temo, no es de mucha utilidad. Por ejemplo, está muy difundido el tópico de que quien mata a su pareja está loco o borracho. Pero, de los condenados en esta país por violencia doméstica entre 2001 y 2005, solo el 5.4% tuvo como atenuante alguna alteración psíquica, y un 3.4% el alcohol o las drogas.

Como resume Russil Durrant, de la Universidad Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda, partimos de lo que la evolución seleccionó y le sumamos factores de riesgo como conflictos en la pareja o posibilidad de separación o infidelidad. Se unen la edad de la mujer y del hombre, la diferencia de edades y el historial del hombre, así como su sentimiento de posesión y control. Todo ello afecta a los mecanismos psicológicos de decisión y lleva a la violencia. Pero, no hay que olvidarlo, a pesar de todos estos condicionantes, la conducta final puede ser otra y se puede elegir entre violencia, violencia no letal y no violencia. Y la no violencia es la que se elige casi siempre y, repito, debemos conocer por qué, a veces, se elige la violencia más brutal. Así encontraremos respuestas para terminar con la violencia de género.

También hay casos de violencia a las mujeres que se salen del contexto que hemos tratado hasta ahora. Es cuando el asesino no conoce a la víctima. Es una desconocida o un contacto casual del asesino. No es violencia de pareja, es, estrictamente, violencia de género. Es un asesinato intencional de una mujer con la que hay o no contacto sexual. Puede ser un asesinato organizado y premeditado o impulsivo y desorganizado. El contacto sexual con la víctima puede ocurrir antes, durante o después del crimen, y en algunos casos no hay un solo asesino sino que son varios actuando en grupo. En general, este tipo de asesinatos no llega al 1% del total en un determinado país o región.

Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, El Sacamantecas: Un asesino en serie del terruño

Nació el 16 de octubre de 1821 en Eguilaz, pedanía del municipio de San Millán, en el nordeste de la provincia de Álava, y murió por garrote vil en Vitoria el 11 de mayo de 1881. Entre 1870 y 1879, mató y violó, que sepamos, a seis mujeres, cuatro de ellas prostitutas, con edades que iban de 11 a 55 años. A varias de las víctimas les infringió crueles mutilaciones, al estilo de Jack El Destripador, y de ello viene el apodo de El Sacamantecas, con el que ha pasado a las leyendas y cuentos populares que se utilizan, sobre todo, para asustar a los niños.

Casado cuatro veces, enviudó tres veces, aunque parece que no intervino en la muerte de sus mujeres.

Detenido en 1880 y condenado a muerte, fue ejecutado con garrote vil en 1881 en la prisión del Polvorín Viejo de Vitoria. El verdugo, Gregorio Mayoral, de Burgos, era famoso en aquellos tiempos.

Fue en la Llanada alavesa, en unos campos que conocía bien, donde el 2 de abril de 1870 asesina a la primera mujer, una prostituta conocida como La Valdegoviesa; murió junto al arroyo conocido como Errekatxiki. Había trabajado como criado para tareas agrícolas en muchos pueblos de la zona y los había recorrido a menudo. Un año después mata a su segunda víctima, de nuevo una prostituta y, en agosto de 1872, los asesinatos tercero y cuarto se suceden con rapidez. La tercera víctima es una adolescente y la cuarta otra prostituta. En 1873 y 1874 ataca a una prostituta y a una vieja mendiga que logran escapar con vida. Pasan cuatro años hasta la siguiente víctima y es en 1878 y 1879 cuando se reinician los asesinatos, primero con dos ataques sin muerte, y en septiembre con la muerte de una joven campesina, a la que destripa para alimentar la leyenda de El Sacamantecas. Solo dos días después, llega la sexta víctima, estrangulada, violada y mutilada con crueldad.

Parece que sus bodas, tener una mujer a su disposición, le calmaba; quedaba tranquilo y saciado su excitable temperamento que, de no ser así, le arrastraba a las prostitutas y, con los años, al crimen. Quizá el periodo más feliz y sosegado de su vida fueron los 13 años que estuvo casado con su primera mujer, una viuda rica y de más edad, a la que llamaban la Zurrumbona por haber estado casada con El Zurrumbón, apodo que heredó Garayo al casar con la viuda. Cuando ella murió, comenzó la carrera criminal de Garayo.

Estamos en la época de Cesare Lombroso y sus libros El Hombre Delincuente o El delito, sus causas y remedios. Escribe que al criminal se le detecta con rapidez y facilidad por su aspecto físico: frente breve y huidiza, cerebro pequeño, ojos juntos, nuca plana, todo ello prueba irrefutable de su degeneración. Además, al criminal todo esto le viene de familia y, por ello, hay que estudiar los antecedentes de los criminales para encontrar signos que delaten sus tendencias criminales. Y todo ello empeora por la vida disoluta y el abuso del alcohol.

Para demostrar o refutar esta teoría, nada menos que diez médicos militares, otros seis alienistas, algún farmacéutico y una docena de periodistas asistirán a la autopsia de El Sacamantecas, recién ejecutado y con el cadáver aún caliente. Y dirigiendo la reunión, el Dr. José María Esquerdo y Zaragoza, ilustre y conocido frenópata de aquellos tiempos, famoso defensor de las teorías de Lombroso. Al buen doctor sólo le interesaba el cráneo de Garayo; allí esperaba encontrar las pruebas de su locura. El cerebelo pequeño y aplastado; el cuerpo romboidal disminuido y con mal color; los corpúsculos de Pacchioni demasiado grandes y la cresta occipital externa también algo exagerada; todos son datos que apoyan las ideas del Dr. Esquerdo.

Además, la familia es un desastre: el padre, borracho, cruel y poco de fiar; la madre, una histérica; los cinco hermanos, todos raros, aunque destaca Florentina, repulsiva, violenta, cruel, vengativa, enjuta de carnes, impúdica, de ojos negros, pequeños, vivos y penetrantes, y con nueve hijos, de ellos, ocho ya han muerto. Incluso, un periodista de La Vanguardia ha conseguido añadir a este catálogo de monstruosidades de la pobre Florentina una más que ni sé lo que significa: tiene “subritérico color”. Por cierto, color que no he encontrado ni el Diccionario de la Lengua.

Hasta el propio Sacamantecas llamaba la atención por su aspecto repulsivo. Se cuenta, aunque no es cierto, que fue detenido porque una niña que se cruzó con él y que no le conocía de nada, gritó asustada “¡Madre! ¡Madre! ¡El Sacamantecas!”. En realidad fue detenido por un perspicaz alguacil de Vitoria, llamado Pío Fernández de Pinedo, que le reconoció, cuando se cruzó con él por la calle, por la descripción que habían hecho las víctimas que habían sobrevivido a su ataque. La descripción de las crónicas periodísticas dicen que era sanguíneo, atlético, de frente estrecha y occipucio plano, con la base del cráneo ancha, color animado, pómulos salientes, facciones fruncidas, ojos pequeños, hundidos, desviados y uno de ellos torcido con siniestra mirada.. Además, nos cuentan que era imbécil, egoísta, glotón e indiferente; taciturno y frío, y nunca tuvo más amigo o amo que el vino. En fin, que con su aspecto, su cráneo, su familia y su azarosa vida, cumplía a la perfección todas las condiciones que pedía el Dr. Esquerdo para declararlo el perfecto delincuente. Era un loco sin remedio. Todo ello aunque, en la vista oral, los médicos forenses declararon a Garayo plenamente consciente de sus actos. El Dr. Esquerdo no estaba en absoluto de acuerdo.

Para terminar, y como propone Enrique Burunat, de la Universidad de La Laguna, ha llegado el momento de estudiar los mecanismos neurobiológicos que están detrás de la violencia, sobre todo la de los hombres contra sus parejas. Visto que el enfoque único legal y policial ayuda pero no termina con esta violencia, Burunat propone la prevención y los tratamientos farmacológicos y terapéuticos desde el sistema público de salud. La violencia de género es un problema de salud pública.

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Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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