Naukas Bilbao 2022: ‘Hackers’ están diseñando los próximos fármacos

Conferencia Crónicas Artículo 26 de 28

fármacos

¿Qué tiene que ver Neo, el personaje central de la película Matrix (Lilly y Lana Wachowski, 1999), con el diseño de fármacos personalizados? Acaso, ¿es posible hackear la información genética de los pacientes para crear nuevos medicamentos?

Diseñar fármacos específicos para cada persona ya no es una entelequia propia del cine de ciencia ficción. Gracias a las terapias de ácidos nucleicos los farmacéuticos han comenzado a actuar sobre diferentes momentos del proceso de desarrollo de las enfermedades para atajarlas antes incluso de que se manifiesten o muestren sus síntomas.

La investigadora Ikerbasque en Biocruces Bizkaia y experta en terapias de ácidos nucleicos Virginia Arechavala, utilizó un paralelismo con el personaje de ciencia ficción para explicar en Naukas Bilbao el alcance de este trabajo investigador y sus aplicaciones al mundo de la medicina. Tras recordar que Neo era “un hacker que aprende a cambiar su realidad porque es capaz de leer el código que hay detrás de la realidad virtual en la que vive”, la investigadora recordó que nuestro organismo tiene también un código, en este caso genético, que es el que contribuye a generar las proteínas que necesitamos para vivir.

Para explicar la labor de los investigadores, Virginia Arechavala declaró que cada célula cuenta con información genética que permite generar esas proteínas, y que muchas veces las variaciones y mutaciones que sufre esta información apenas provocan cambios sobre nuestra vida diaria. Sin embargo, hay ocasiones en que esos cambios conllevan manifestaciones diferentes en el cuerpo humano que afectan, por ejemplo, a no tener una proteína especialmente necesaria o generar una tóxica, y que se pueden traducir en enfermedades poco frecuentes.

Con este planteamiento sobre la mesa, la experta en terapias de ácidos nucleicos compartió con el público del Palacio Euskalduna cómo la investigación actual, en lugar de buscar un medicamento que actúen sobre las proteínas responsables de una enfermedad, quieren actuar sobre la información genética que codifica estas proteínas. La investigadora puso como ejemplo la preparación de una paella.

“Conocemos cuál es el proceso por el que se generan las proteínas y los medicamentos que tenemos hasta ahora actúan sobre el resultado final de ese proceso. Sería como ir a una paella ya cocinada –una proteína– y quitarle uno de los ingredientes erróneos con los que se ha preparado, que la hace tóxica”, explicó la experta. De esa forma, el medicamento actúa de forma específica sobre el elemento nocivo para nuestro cuerpo y lo elimina. Sin embargo, en otras ocasiones, ese ingrediente o elemento nocivo es de tal gravedad que no se puede actuar contra él ni atajar la enfermedad.

Frente a este planteamiento convencional, Arechavala indicó que en la actualidad disponemos de la información que nos permite saber para qué sirve cada gen (receta), cómo desde cada gen se cocina cada proteína, y contamos con “cocineros”, los ribosomas, capaces de modificarla durante su “preparación”, con lo cual es posible actuar antes de que esta proteína esté ya “cocinada”. Incluso afirmó que se puede cambiar esa “receta” en origen para conseguir una proteína distinta a la original. “Las vacunas de ARN mensajero se basan en este concepto: si tienes a un cocinero preparado para cocinar le das una receta diferente para que haga lo que tú quieras”, explicó de forma gráfica.

Estas nuevas terapias son especialmente aplicables en el caso de las llamadas enfermedades raras, en las que los cambios genéticos impiden la producción de proteínas indispensables o generan proteínas “tóxicas” que derivan en dolencias que, en ocasiones, son incurables. “Cuando tienes una mutación que genera una proteína tóxica, lo ideal sería no tenerla, es decir, restaurar el gen para suprimir esa mutación nociva y dejarlo como estaba. Esta técnica se llama edición génica y ya se está probando en ensayos clínicos para enfermedades poco frecuentes.”

“Lo siguiente sería la terapia génica, es decir, traer un gen correcto (sin la mutación) hasta el núcleo de las células para que generen la proteína que se necesita”, explicó. Y aunque se trata de una opción compleja porque obliga a distribuir ese gen por todas las células del cuerpo, es una técnica que ya se emplea en algunos medicamentos que están aprobados y disponibles para pacientes con enfermedades poco frecuentes.

Dentro de esta tarea investigadora, Virginia Arechavala mencionó otra opción para corregir estas mutaciones antes de que “se cocinen” estas paellas tóxicas: “Podemos enviar una “anti-receta” que bloquee la receta tóxica para evitar que nuestros ribosomas/cocineros la cocinen y generen una proteína tóxica. ¿Cómo? Mediante el ARN de interferencia”.

Y citó un ejemplo más: “De un mismo gen se pueden obtener un montón de proteínas distintas, un splicing alternativo, que es una especie de ‘elige tu propia aventura’, en la que puedes escoger entre distintos finales según la manera en la que leas el libro. Pues nuestros genes son así, y por eso, como es posible influir en el momento en que eliges cómo va a ser la proteína, se puede actuar sobre ello, como si se pegara un post-it que cambia ligeramente la receta antes de que la lea el cocinero. Es otra terapia de ARN que ya está disponible para enfermedades poco frecuentes”.

Por último, Arechavala apuntó que a pesar de la mayoría de la investigación y los primeros medicamentos de este tipo se han desarrollado para las llamadas enfermedades raras, gracias a los avances que se han conseguido con su impulso, estas terapias pronto se aplicarán al tratamiento de otras dolencias muy comunes, como el colesterol alto, para el que ya hay en el mercado un fármaco específico basado en estos conceptos. “Todos estos medicamentos no son ciencia ficción, podemos encontrar más. Se suele decir que en farmacia hay de todo, como en botica, y probablemente la próxima vez que vayáis a la farmacia podáis encontrar medicamentos diseñados por un hacker”, concluyó.

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Crónica de Roberto de la Calle / GUK

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