Einstein y Michele Besso

Experientia docet Einstein Artículo 2 de 31

Michele Besso fue un amigo, una caja de resonancia y un poco el hermano mayor de Einstein. Besso era seis años mayor, y no sólo le ayudó con algunas de sus teorías científicas, sino que también se vio envuelto directamente en su vida personal.

Michele Besso. Fuente: ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv

En 1905 Michele Besso, ingeniero mecánico de formación, trabajaba con Einstein en la Oficina Suiza de Patentes. Los dos hombres solían pasear por las calles de Berna discutiendo las posiciones filosóficas de Ernst Mach (que Einstein conoció por Besso), debatiendo sobre gustos musicales, hablando de judaísmo (Besso era sefardí, Einstein asquenazí) y analizando los problemas candentes de la física. Las teorías que se estaban proponiendo de la luz y de la mecánica mantenían a Einstein despierto durante las noches, intentando comprender como podrían reconciliarse alguna vez. En un momento dado, Einstein pidió ayuda a Besso, y durante diecisiete días los dos hombres discutieron cada aspecto del problema.

Entonces, una noche, la inspiración llegó y encontró a Einstein trabajando. Einstein apareció a primera hora de la mañana siguiente ante la puerta de Besso y, sin decirle hola siquiera, le espetó: “¡Gracias! ¡He resuelto completamente el problema!”. Einstein había resuelto sus problemas con la luz desarrollando su teoría especial de la relatividad. Besso fue la primera persona en escuchar la explicación de Einstein de una teoría que cambiaría las bases de la física.

Ya en ese momento tanto Einstein como Besso parece que eran conscientes de que la teoría era “especial”. El artículo de Einstein sobre ella fue extraordinario en claridad y concisión, y más tarde Einstein diría que las cinco semanas que le llevó escribirlo y prepararlo para publicación fue un tiempo feliz. Aunque Besso no era de los que se quedaba atrás en su comprensión de la física y las matemáticas necesarias, está claro que la teoría especial era de Einstein y solo de Einstein. El mérito de Besso estuvo en su habilidad para escuchar y en su capacidad técnica para absorber y criticar unas ideas revolucionarias provenientes de uno de los científicos más creativos que han existido. Einstein después se referiría a Besso como “la mejor caja de resonancia de Europa [para las ideas científicas]”. En el artículo sobre la teoría especial Einstein supo ser agradecido: “Para terminar, me gustaría decir que mi amigo y colega, M. Besso, me ha ofrecido constantemente sus valiosos consejos mientras estuve trabajando en este problema, y que estoy en deuda con él por sus muchas sugerencias interesantes”.

Einstein y Besso se mantuvieron en contacto por escrito durante el resto de sus vidas, aunque nunca colaboraron en un artículo. Su relación fue más la de dos hermanos. Einstein pedía consejo a menudo a Besso y Besso solía regañar a Einstein por su comportamiento. Las cartas entre los dos hombres contienen muchísima información personal sobre Einstein.

Los dos hombres se conocieron en 1895 cuando Einstein se hospedaba en la casa de su profesor Jost Winteler en Aarau (Suiza), mientras finalizaba el instituto. En aquella época Einstein desarrolló lazos muy fuertes con las personas del círculo de los Winteler: Paul, el hijo mayor, fue su primer gran amigo y posterior marido de su hermana Maja; Marie, la hija pequeña, fue su primera novia; y Besso, que también se hospedaba allí. Besso formalizaría su relación con los Winteler en 1898 al casarse con Anna, la hija mayor.

Una vez casado, Besso se trasladó a Milán como consultor técnico de la Sociedad para el Desarrollo de la Industria Eléctrica en Italia. Influyó en la compañía para que contrataran a Einstein para un pequeño trabajo consistente en un estudio de cómo la electricidad irradia durante la corriente alterna. Einstein le devolvería el favor más tarde cuando avisó a Besso de la existencia de una vacante de examinador de patentes de segunda clase en la Oficina Suiza de Patentes. En esa época Einstein era examinador de patentes de tercera clase y, de hecho, él mismo solicitó el puesto. Pero no parece que le ocasionara ningún problema que escogieran a Besso antes que a él. De hecho, Besso fue claramente bienvenido a la comunidad de Einstein en Berna.

Durante la década siguiente la relación de Einstein con su esposa Mileva se fue deteriorando. El traslado de la familia a Berlín fue la gota que colmaría el vaso. Einstein se mudó a la capital prusiana, entre otras razones, para estar cerca de su amante, Elsa. No es sorprendente, por tanto, que Mileva se deprimiese en Berlín. Solo aguantó allí el tiempo necesario para que Besso pudiese organizarse, recogerla a ella y a sus dos hijos pequeños y llevarlos de vuelta a Suiza.

De esta manera, en 1914, Besso se convirtió en el intermediario entre Mileva y Einstein. El divorcio fue largo y amargo, con crueldad por ambas partes. Mileva estaba destrozada, Einstein distante, y ambos lloraban en el hombro de Besso. Besso supo mantener la cabeza fría. Censuró a Einstein por su comportamiento con su mujer, y protegió a este de las posiciones más dramáticas de ella. En esa época Besso vivía en Zurich, a donde había trasladado Mileva con los niños, lo que le permitió actuar como “tío” de Hans Albert y Eduard.

Besso también estuvo allí cuando tuvo lugar la segunda gran crisis de la familia: el diagnóstico de la enfermedad mental de Eduard. Besso de nuevo asumió el papel de hermano mayor: gestionó toda la parte médica de la enfermedad de Eduard, mantuvo informado a Einstein, regañándole cuando no ayudaba, y consoló, junto a su mujer, a Mileva.

A pesar de todos estos líos familiares, la ciencia estaba casi siempre presente en las comunicaciones entre Einstein y Besso: el rechazo de algunos postulados de la mecánica cuántica, la nueva astronomía y el desarrollo de la teoría general de la relatividad son algunos ejemplos de cuestiones que discutieron los dos amigos.

Besso murió solamente unos meses antes que Einstein. Y si bien éste sintió profundamente la pérdida, supo recurrir a la ciencia como bálsamo. En la carta que envió en marzo de 1955 a Anna, su viuda, escribió: “Se me ha adelantado un poco a la hora de abandonar este mundo extraño. Esto no significa nada. Para nosotros los físicos creyentes [en la física] la distinción entre pasado, presente y futuro solo tiene el significado de una terca ilusión”.

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

Una versión anterior de este artículo se publicó en Experientia Docet el 25 de octubre de 2009.

2 comentarios

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