Einstein y Marie Skłodowska Curie

Experientia docet Einstein Artículo 37 de 39

Marie Skłodowska Curie, una diminuta física polaca que vivió la mayor parte de su vida en París, es una de las científicas más famosas a nivel mundial; no solo fue una mujer pionera en un mundo dominado por los varones, también fue la primera persona en recibir dos premios Nobel. Einstein y Curie no tuvieron una relación especialmente estrecha, pero su fama simultánea aseguró que se encontrasen a menudo y mantuviesen una sólida amistad.

Curie
Einstein y curie en la época en la que se conocieron

Marie Curie ganó su primer premio Nobel, en física, en 1903, y el segundo, en química, en 1911. Trabajó teniendo a su marido, Pierre Curie (1859-1906), como colaborador en la analítica física, y a los químicos Gustave Bémont y André Devierne como colaboradores en la analítica química [1]. Curie ganó los premios Nobel por el descubrimiento de los elementos radioactivos polonio y radio, fundando a efectos prácticos la ciencia de la radioactividad. La pareja recibió su primer premio juntos, pero Pierre murió atropellado por un coche de caballos antes de que Curie ganase el segundo.

Einstein conoció a Curie no mucho después de que ella ganase su segundo premio Nobel. Ambos fueron invitados a la Primera Conferencia Solvay en Bruselas. Poco después de la conferencia, Curie escribió una recomendación profesional para el desenvuelto físico de 31 años. Dijo, “He admirado mucho los trabajos publicados por Monsieur Einstein en cuestiones concernientes a la física teórica moderna. […] en Bruselas, donde asistí a una conferencia en la que Monsieur Einstein participó, pude apreciar la claridad de su mente, la amplitud de su documentación y la profundidad de su conocimiento. Si se considera que Monsieur Einstein es aún muy joven, se tiene todo el derecho para depositar las mayores esperanzas en él y verle como uno de los teóricos importantes del futuro”. Einstein y Curie se hicieron amigos en la conferencia, llevando incluso a sus hijos de excursión juntos a un paso en los Alpes cerca de Engadine en 1913.

Curie
Imagen de la primera conferencia Solvay de 1911. Paul Langevin aparece de pie, primero por la derecha, al lado de Einstein. La foto corresponde a la época en la que se descubrió el affaire

Einstein fue una de las muchas figuras prominentes que acudieron en ayuda de Curie cuando fue atacada en la prensa por una aventura que tuvo con Paul Langevin, alumno de Pierre Curie, más joven que ella y casado. Aunque la historia ha demostrado que sí ocurrió, Curie siempre lo negó. Einstein creyó a Curie y afirmó que los rumores eran estupideces. “Ella no es lo suficientemente atractiva como para llegar a ser peligrosa para nadie”, declaró. Una afirmación muy interesante viniendo de un hombre que tendía a tener problemas con las mujeres (y que más de una vez sucumbió a esos asuntos “peligrosos”). Esta frase de Einstein nos habla también del germen y la calidad de la larga amistad intelectual entre Einstein y Curie. Curie era su igual, el que fuese una mujer era una anécdota irrelevante. [2]

Los dos físicos también coincidieron brevemente en política mundial. En 1922, Curie fue clave a la hora de convencer a Einstein para que se uniera a la recientemente constituida Comisión Internacional de Cooperación Intelectual, dependientemente de la Sociedad de Naciones. En esta comisión, aparte de Einstein y Curie, estaban, entre otros, Henri Bergson, Bela Bartók, Thomas Mann, Salvador de Madariaga y Paul Valéry. Curie escribió “Mi sensación es simplemente que la Sociedad de Naciones, aunque aún imperfecta, es una esperanza para el futuro”. Durante un tiempo Einstein estuvo de acuerdo, pero menos de un mes después de su incorporación, las posiciones políticas de Einstein se vieron alteradas por el asesinato del ministro alemán de exteriores, el judío Walther Rathenau. Consternado por estar representando a Alemania en la Comisión, Einstein escribió a Curie, “Me he dado cuenta de que un antisemitismo muy fuerte reina en el entorno que se supone represento en la Sociedad de Naciones y […] no puedo estar de acuerdo con este papel de representante o mediador. Pienso que lo comprenderás perfectamente”. Curie no lo comprendió. Intentó que cambiase de opinión, y finalmente Einstein volvió para otro período con la sociedad.

Tras años de exposición a la radiación debido a su trabajo, Marie Curie murió el 4 de julio de 1934. Un año después, Einstein escribió un elogioso homenaje para un acto en recuerdo a Curie el 23 de noviembre de 1935, en el Museo Roerich de Nueva York:

“Fue para mí una fortuna estar unido a Madame Curie durante veinte años de sublime y perfecta amistad. Llegué a admirar su grandeza humana sin límite. Su fuerza, su pureza de voluntad, su austeridad consigo misma, su objetividad, su juicio incorruptible, todas estas son virtudes que raramente se encuentran en un solo individuo.”

Notas:

[1] Ni Marie ni Pierre tenían formación suficiente en química como para realizar el procesado de los minerales originales. Dependieron para ello de químicos experimentados. Véase sobre esto: Gustave Bémont, el fantasma de la rue Vauquelin

[2] Poco después de la conferencia Solvay y con todo el revuelo mediático Einstein escribió a Curie:

«Muy estimada señora Curie:

No se ría de mí por escribirle sin tener nada sensato que decir. Pero estoy tan enfurecido por la manera tan vil en que el público se atreve actualmente a ocuparse de usted, que es absolutamente necesario que dé rienda suelta a este sentimiento. Sin embargo, estoy convencido de que usted desprecia sistemáticamente a esta chusma, tanto si le prodiga servilmente respeto como si intenta saciar su ansia de sensacionalismo.

Me veo obligado a decirle lo mucho que he llegado a admirar su intelecto, su empuje y su honestidad, y que me considero afortunado de haberla conocido personalmente en Bruselas. Cualquiera que no se encuentre entre estos reptiles se alegra, ahora como antes, de que tengamos entre nosotros a personajes como usted, y también a Langevin, personas reales con las que uno se siente privilegiado de estar en contacto. Si la chusma sigue ocupándose de usted, simplemente no lea esa bazofia, sino déjela para el reptil para el que ha sido fabricada.

Con los más cordiales saludos para usted, Langevin y Perrin, muy atentamente,

A. Einstein

P.D. He determinado la ley estadística del movimiento de la molécula diatómica en el campo de radiación de Planck mediante una ocurrencia cómica, naturalmente bajo la restricción de que el movimiento de la estructura sigue las leyes de la mecánica estándar. Sin embargo, mi esperanza de que esta ley sea válida en la realidad es muy pequeña».

– Albert Einstein, 23 de noviembre de 1911.

Fuente

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

Una versión anterior de este artículo se publicó en Experientia Docet el 19 de julio de 2009

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